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El periodo de los patriarcas, otra era de las dispensaciones teocéntricas de los gentiles, y el genio de Dios.
 
Grace Bible Church
Robert R. McLaughlin Bible Ministries
  
El Árbol de la Vida es un resumen semanal de las enseñanzas.
El Árbol de la Vida para la semana que termina el 07/13/08

El periodo de los patriarcas, otra era de las dispensaciones teocéntricas
de los gentiles, y el genio de Dios. 

 
Hemos estado notando los principios que el Señor usa para garantizar la continuación de la raza humana hasta el fin de la historia humana.  Ahora estamos notando la provisión divina de las diferentes dispensaciones. Hemos clasificado seis dispensaciones en la historia, y caen en tres diferentes clasificaciones. 
 
La primera es las dispensaciones teocéntricas. Esto se refiere a los periodos de tiempo en el Antiguo Testamento que enfatizan y glorifican el propósito de Dios el Padre en el suministro divino de las dispensaciones en relacionan al conflicto angélico. Hay dos dispensaciones teocéntricas: Primero, la era de los gentiles en el Antiguo Testamento, desde Adán hasta la generación del Éxodo. Segundo, la era de los judíos, desde 1441 a.C. hasta el Primer Advenimiento de Cristo. El primer periodo de las dispensaciones teocéntricas, la dispensación de los gentiles, tiene tres periodos:
1. El periodo de la volición positiva.
2. El periodo de la volición negativa.
3. El periodo de los patriarcas.
 
Hemos notado los primeros dos; el último periodo se llama el periodo de los patriarcas.  En realidad, es el periodo de los patriarcas judíos, y fue un periodo de transición de donde saldría la dispensación de Israel. En este periodo, Dios establece la raza judía. En la próxima dispensación teocéntrica, la era de Israel, Él establece la nación judía. El punto culminante de este periodo fue la interjección divina de la alianza de Abraham. Aunque no existía la Escritura escrita, Dios estableció una alianza, o juró un contrato, con Abraham.
 
“Pues cuando Dios hizo la promesa a Abraham, no pudiendo jurar por uno mayor, juró por sí mismo, diciendo: CIERTAMENTE TE BENDECIRÉ Y CIERTAMENTE TE MULTIPLICARÉ. Y así, habiendo esperado con paciencia, [Abraham] obtuvo la promesa. Porque los hombres juran por uno mayor que ellos mismos, y para ellos un juramento dado como confirmación es el fin de toda discusión. Por lo cual Dios, deseando mostrar más plenamente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su propósito, interpuso un juramento, a fin de que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, los que hemos buscado refugio seamos grandemente animados para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros,” (HEB 6:13-18)  
 
Para que Dios infrinja Su alianza con Abraham en alguna manera y no cumpla con Sus promesas a los judíos, significaría que Dios es un mentiroso. La teología del pacto enseña que Dios reemplazó a los judíos con nosotros, los gentiles, y eso es incorrecto. Si cree esto, usted está contribuyendo a las acusaciones de Satanás contra Dios, diciendo que no podemos confiar en Su palabra. En esta alianza, Dios prometió incondicionalmente hacer a Abraham una gran nación. Abraham creyó en Dios, y a los setenta y cinco años obedeció las instrucciones de Dios de salir de su casa y emigrar a la tierra que Dios le iba a mostrar.
 
“Por medio de la fe [tenemos el caso instrumental del sustantivo griego, pistis, traducido por medio de la doctrina o por medio de lo que uno cree] Abraham, al ser llamado, obedeció, saliendo para un lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber adónde iba. Por medio de la doctrina habitó como extranjero en la tierra de la promesa como en tierra extraña, viviendo en tiendas como Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa, porque esperaba la ciudad que tiene cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.” (HEB 11:8-10, traducción corregida)
 
En esta era en particular, la cuarta institución divina, el nacionalismo, tomó un significado nuevo mientras Dios preparó la situación para formar una nación particular por medio de crear una raza nueva de gente. El propósito de Dios no sólo era de restringir el mal en el mundo, sino también de crear un tipo de modelo a base de los principios del establecimiento para la protección de la vida humana, la libertad, la privacidad, y la propiedad dentro de los límites de su propia nación. Israel ejemplificaría las leyes divinas del establecimiento. Recuerden, Dios estableció las cuatro instituciones divinas:
La volición: El derecho de ser dependiente de Dios, o de actuar independiente de Él.
El matrimonio: La organización básica en cualquier entidad nacional, un hombre, una mujer.
La familia: la institución establecida para crear y entrenar a los niños según el respecto por la autoridad, por los derechos de los demás, por la privacidad de los demás, por la ley común, por la propiedad de los demás, y muchos otros principios.
El nacionalismo: Génesis 10-11.
 
Dios estableció las cuatro instituciones divinas para toda la raza humana, no solamente para los creyentes. Era para la preservación de la raza humana. Fue para permitir que el conflicto angélico siga hasta su fin, y para que la raza humana esté libre para o aceptar o rechazar a Jesucristo.
 
Abraham nació un gentil. Él era un gentil hasta que alcanzó la madurez espiritual a los noventa y nueve años. Entonces, con el acto de circuncisión, él llegó a ser el padre de la raza judía (GEN 17:1-21). Hay dos especies muy importantes que Dios creó para resolver el conflicto angélico. Es interesante que en la historia de la raza humana, solamente hay dos nueva especies que han sido agregadas: Israel fue agregada como la nueva especial racial. El judío es diferente en raza que todos los descendientes de Sem, Cam y Jafet. Entonces tenemos la Iglesia como una nueva especie espiritual. Hay algunos principios interesantes con respecto a la correlación con las dos nuevas especies: Israel vino de la procreación del primer Adán, desde Adán hasta Abram y Sarai. La Iglesia viene del último Adán, el Señor Jesucristo. Como Él perpetuó el experimento del gran poder de la Unión Hipostática en la era de la Iglesia, Su Novia exige una nueva especia espiritual para la utilización de todo el poder divino.
 
“Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados.” (1CO 15:22)
 
“Así también está escrito: El primer HOMBRE, Adán, FUE HECHO ALMA VIVIENTE. El último Adán [el Señor Jesucristo], espíritu que da vida. Sin embargo, el espiritual [el último Adán, el Señor Jesucristo] no es primero, sino el natural; luego el espiritual. El primer hombre [Adán] es de la tierra, terrenal; el segundo hombre es del cielo. Como es el terrenal, así son también los que son terrenales; y como es el celestial, así son también los que son celestiales. Y tal como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial.” (1CO 15:45-59)      
 
La nueva especia espiritual tiene su origen de la regeneración y las técnicas del bautismo del Espíritu Santo. La nueva especie racial de Israel tuvo que ser perpetuada por medio de la procreación, mientras que en la era de la Iglesia, la nueva especie espiritual de la familia real de Dios se perpetúa por medio del bautismo del Espíritu al momento de la regeneración o la salvación. En ambos casos, incluye un nacimiento. Apenas tenemos un vistazo del tremendo genio del que controla todas las cosas solamente por Su palabra. La Palabra de Dios nunca ha fallado, y nunca fallará, y todavía se cumplirá, porque Él controla la historia. No sabemos lo que ocurrirá mañana (vean STG 4:14). En realidad, simplemente somos una bocanada de humo, una neblina, visible por un poquito de tiempo y luego nos desaparecemos como el humo; existimos hoy, mañana no. Sin embargo, hemos sido invitados a participar en un plan que “COSAS QUE OJO NO VIO, NI OÍDO OYÓ, NI HAN ENTRADO AL CORAZÓN DEL HOMBRE, son LAS COSAS QUE DIOS HA PREPARADO PARA LOS QUE LE AMAN.” (1CO 2:9)   
 
En este periodo de la dispensación teocrática de los gentiles, la circuncisión era el ritual de confirmación que fue exigida de Abraham y su descendencia. Dios estableció una nueva política en la cual debía de funcionar la humanidad, la circuncisión. Como de costumbre, el mansedumbre religioso pervirtió todo, tanto que la iglesia primitiva estaba llena de así llamados evangelistas y maestros que enseñaban que uno tenía que ser circuncidado para ser salvo o espiritual. En el libro de Gálatas, Pablo trata con este tema. Lo que es importante no es los rituales, sino la realidad detrás de los rituales, que comienza con uno enamorándose de Dios. “Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión ni la incircuncisión significan nada, sino la fe [su doctrina, su creencia] que obra por o se manifiesta por su amor de virtud. Vosotros corríais bien, ¿quién os impidió obedecer a la verdad? Esta persuasión no vino de aquel que os llama. Un poco de levadura fermenta toda la masa.” (GAL 5:6-9, traducción corregida)    
 
Este ritual de circuncisión significaba las bendiciones de la restauración del vigor sexual por medio del cual Dios multiplicaría la descendencia de Abraham (GEN 22:15-18, ROM 4:17-21, HEB 11:11-12). La obediencia de Abraham demostró su confianza espiritual y madura en las promesas de Dios. Dios confirmó Su alianza al hijo creyente de Abraham, Isaac (GEN 26:3-5), y lo reconfirmó en su nieto creyente, Jacob (GEN 28:13-15, GEN 35:11-12). La raza judía es espiritual en su origen, descendiendo de Abraham, Isaac, y Jacob, cada uno que era un creyente en el Mesías, el Señor Jesucristo (GEN 15:6).
 
De este periodo de la dispensación teocéntrica de los gentiles, la era de los patriarcas, vinieron los doce hijos de Jacob, los fundadores de las tribus de Israel. Es interesante que las doce tribus de Israel que Dios comenzó, vinieran de esta manera, por medio de la circuncisión, cortando el prepucio del hombre, y por medio de un hombre y cuatro mujeres.
 
“Y aconteció que mientras Israel moraba en aquella tierra, Rubén fue y se acostó con Bilha, concubina de su padre; e Israel lo supo. Y los hijos de Jacob fueron doce. Hijos de Lea: Rubén, el primogénito de Jacob, después Simeón, Leví, Judá, Isacar y Zabulón. Hijos de Raquel: José y Benjamín. Hijos de Bilha, sierva de Raquel: Dan y Neftalí. E hijos de Zilpa, sierva de Lea: Gad y Aser. Estos son los hijos de Jacob que le nacieron en Padán-aram.” (GEN 35:22-26
 
Ahora tal vez piense, esto ocurrió antes de que Dios prohibiera la poligamia, pero no es así. La poligamia significa el tener una pluralidad de esposas. Es el antitesis de la monogamia. La poligamia es prohibido por DTN 17:14-17, MAL 2:14-15, y por lo tanto es un pecado. La poligamia viola la ley divina del hombre correcto y la mujer correcta (GEN 2:24, ECL 9:9, 1CO 7:17). Los casos de poligamia en la Biblia siempre están relacionados con el reversionismo y la apostasía. 
 
Jacob tuvo dos esposas, Lea y Raquel, más dos amantes. Él siempre tuvo problemas con sus hijos. Lo mismo es cierto con David y Salomón. La poligamia no es la voluntad de Dios, y todos los creyentes polígamos tienen problemas a resultado. Ningún hombre está diseñado físicamente ni mentalmente para la poligamia. La monogamia es la orden de Dios bajo las leyes del establecimiento divino. Donde sea que esté documentada la poligamia en la Palabra, dice que es un pecado y un hecho histórico que nunca es aprobado. Está específicamente prohibido. Muchos creyentes grandes, tales como Abraham, José, Moisés, y Pedro, eran monógamos. Desde el punto de vista de las leyes del establecimiento divino y los principios de la doctrina Bíblica, todo lo que está relacionado con el hombre correcto y la mujer correcta está basado en la monogamia. 
 
La alianza incondicional de Dios con Abraham, Isaac, y Jacob es una alianza sempiterna y se extendió a los 12 hijos de Jacob, los cuales comenzaron las 12 tribus de Israel. La raza judía es la raza más permanente y duradera en toda la historia humana porque su existencia depende sólo en Dios. La herencia eterna de Israel es espiritual y cultural, igual como lo prometió Dios. Dios ha preservado y preservará la raza judía regenerada, y la nación judía por toda la historia y toda la eternidad. Dios siempre cumple Su palabra.
 
“El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán.” (MAT 24:35)
   
“Entonces, ¿qué diremos a esto? Si Dios está por nosotros, ¿quién estará contra nosotros?” (ROM 8:31)
 
“Porque: TODA CARNE ES COMO LA HIERBA, Y TODA SU GLORIA COMO LA FLOR DE LA HIERBA. SECASE LA HIERBA, CAESE LA FLOR, MAS LA PALABRA DEL SEÑOR PERMANECE PARA SIEMPRE. Y esta es la palabra que os fue predicada.” (1PE 1:24-25)
 
Las promesas que fueron dadas en el primer periodo de la dispensación teocéntrica de los patriarcas, conocidos como Abraham, Isaac y Jacob, será cumplida. “Y una gran señal apareció en el cielo: una mujer [una referencia a Israel] vestida del sol [una referencia a Jacob], con la luna debajo de sus pies [las esposas de Jacob], y una corona de doce estrellas [los doce patriarcas o las doce tribus de Israel] sobre su cabeza;” (APO 12:1)
 
[El cielo nuevo y una tierra nueva] Tenía un muro grande y alto con doce puertas, y en las puertas doce ángeles; y en ellas había nombres escritos, que son los de las doce tribus de los hijos de Israel [los doce hijos de Jacob].” (APO 21:12)
 
“El muro de la ciudad tenía doce cimientos, y en ellos estaban los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero.” (APO 21:14)
 
Hay doce tribus de Israel, 12 apóstoles, 12 cimientos en el Jerusalén celestial, 12 puertas, 12 perlas, 12 ángeles. Una de las varias bendiciones que vienen a la raza humana por medio de los judíos es una demostración de largo plazo de la fidelidad de Dios. Dios se comprometió a cumplir promesas específicas las cuales Él cumplirá a pesar de todo el caos, las adversidades, y los problemas en la historia humana. En esto hay ánimo para cualquiera que confía en Él. La mera existencia de los judíos es prueba para que todos vean que Dios cumple Su palabra. Hasta cuando la mayoría de los judíos Le rechazan, hasta cuando la nación cae en la degeneración, hasta cuando Él tiene que disciplinar severamente a Su pueblo, la promesa sigue. Dios nunca para de cuidar por Su pueblo. Israel tiene un futuro, exactamente como Dios lo juró con Abraham. Dios entreteje la alianza que Él hizo con Israel y su cumplimiento literal en el tejido de la historia, y se mantienen intactos sin importar que otras dispensaciones Dios establezca. El origen de la raza judía anticipa una diferencia importante entre Israel y la Iglesia. Dios fundó los judíos como una nueva especia racial. En contraste, la Iglesia es una nueva especia espiritual (2CO 5:17). Los judíos regenerados son el pueblo y nación elegidos de Dios, mientras que la Iglesia incluye los creyentes de cada raza y nacionalidad.
 
La era de los patriarcas terminó con los judíos siendo esclavos en Egipto. Cuatro veces en el libro de Génesis, el plan de Dios para la raza humana fue frustrado por la volición negativa y la influencia satánica:
Primero - por la caída del hombre en Edén.
Segundo - por la necesidad del diluvio (la infiltración de los ángeles caídos).
Tercero - la dispersión de Babel.
Cuarto - la cautividad en Egipto
De hecho, las últimas cuatro palabras en el libro de Génesis parecen identificar el destino del hombre mientras él se rebela contra Dios, “un ataúd en Egipto.”
 
Moisés nació durante la era de los patriarcas, pero los últimos cuarenta años de su vida pertenecen a la próxima dispensación: la era de Israel. Abraham es el padre de la raza judía; Moisés es el padre de la nación judía. Mientras la población de la tierra crecía y las naciones aumentaban, Dios comenzó a lidiar con el hombre en una manera nueva por medio de las alianzas que anunciaban que se estaba fundando una nación de Israel. Israel sería la nación cliente de Dios, Su representante protegido sobre la tierra a la cual le encomendaría la autoría humana y la custodia de la divina revelación escrita. En todo el mundo, Israel era la nación más popular. Mientras la población de la tierra se seguía aumentando, las naciones comenzaron, y Dios tuvo que lidiar con el hombre en una manera nueva, con una nueva política, y un método nuevo de comunicación. Dios trató en cada manera que Él podía para darle a la humanidad una audiencia justa e imparcial, y la habilidad de responder a Su plan. Hasta para todas las otras naciones gentiles Dios hizo una provisión cuando le prometió a Abraham: “Haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendigan, y al que te maldiga, maldeciré. Y en ti serán benditas todas las familias de la tierra.” (GEN 12:2-3    

Esto todavía es cierto hoy en día. La promesa a Abraham dijo que quien sea que lo bendiga será bendecido y quien sea que lo maldice será maldecido. Esta es la razón principal por la cual los Estados Unidos de América ha sido, y todavía es, bendecida. De hecho, una correlación definitiva existe entre el auge y caída de las naciones y la actitud que las naciones tienen hacia los judíos y cómo tratan a los judíos. El antisemitismo ha destruido varios individuos, naciones, e imperios. Alemania, bajo el antisemitismo de Hitler, es un ejemplo clásico. Las naciones clientes tienen que tener cuidado con respecto a la actitud que tienen hacia los judíos. Los individuos, las naciones, y los imperios han sido bendecidos debido a su trato de los judíos.  El antisemitismo llegará a su cumbre cuando Satanás es arrojado del cielo, y él trata de destruir a todos los judíos en el medio de la Tribulación. Piensen de cuan emocionante será esto. Cuando Satanás pone tanta presión sobre los judíos durante el periodo de la Tribulación, el Señor Jesucristo vendrá del cielo para rescatar a Su pueblo, los judíos. Aunque “a lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.” (JUA 1:11)

 


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