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La responsabilidad del creyente.
Grace Bible Church
Robert R. McLaughlin Bible Ministries
 
El Árbol de la Vida es un resumen semanal de las enseñanzas.
El Árbol de la Vida para la semana que termina el 08/30/09.

La responsabilidad del creyente.
 
Y no os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución, sino sed llenos del Espíritu, hablando entre vosotros con salmos, himnos y cantos espirituales, cantando y alabando con vuestro corazón al Señor; dando siempre gracias por todo, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, a Dios, el Padre; sometiéndoos unos a otros en el temor de Cristo. (EFE 5:18-21)
 
El estar lleno del Espíritu Santo es una parte de la responsabilidad del creyente. No sentimos la ocupación del Espíritu Santo, pero sí experimentamos los resultados de tenerla. En versículos 19-21, Pablo nos da perspicacia en tres de las manifestaciones de la ocupación del Espíritu Santo: el gozo, el agradecimiento, y la humildad.
 
El gozo significa el tener gozo en su corazón. El cantar y producir melodía en su corazón quiere decir que uno tiene un gozo que es inexpresable. Esto no quiere decir que uno canta todo el día, pero el cantar representa la felicidad de Dios en su corazón. Los Salmos y los himnos sólo son tan buenos como las palabras de los cuales constan. Por lo tanto, no es sólo el cantar o el gozo que está en vista, sino es también el contenido de doctrina que lo hace precioso. El cantar y la melodía en su corazón está dirigido al Señor; esto es una bella ilustración de la comunión con Él.
 
La segunda manifestación en la lista es el agradecimiento. La ocupación del Espíritu Santo resultará en una apreciación en el corazón del creyente por todo lo que Dios ha hecho por él, y esto resulta en el dar gracias por todas las cosas.
 
La tercera manifestación es la humildad del uno al otro (MAT 23:11-12).
 
Entonces, ¿cómo sabemos si tenemos la ocupación del Espíritu? Bueno, algunos de los resultados son simplemente estos: el gozo, el agradecimiento, y la humildad. Sin la ocupación del Espíritu Santo, estas tres cosas no serán manifestadas en su vida, que resulta en un punto profundo y misericordioso. Uno no tiene que tratar de ser feliz, agradecido ni humilde. Uno tiene que tener la ocupación del Espíritu, y luego permitir que Él manifieste estas cualidades en usted.
 
Estas cualidades caen bajo el fruto del Espíritu. Bajo la Ley, el resultado fue lo mejor que el hombre pudo hacer; bajo la gracia, el resultado es lo mejor que Dios puede hacer. Entre la ley y la gracia tuvo que haber un hombre que podría estar en la brecha. Dios eligió a Pablo quien recibió la revelación en el desierto de Acacia. El Espíritu Santo tuvo que revelar estas verdades al creyente. Sin esto, uno nunca las entendería porque el Espíritu es nuestro verdadero maestro. Somos instruidos razonablemente de estar llenos con el Espíritu. Esto está soportado por el hecho de que Cristo les instruyó a Sus discípulos que no deberían emplear ningún servicio antes de que el Espíritu venga sobre ellos.
 
Y he aquí, yo enviaré sobre vosotros la promesa de mi Padre; pero vosotros, permaneced en la ciudad hasta que seáis investidos con poder de lo alto.  (LUC 24:49)
 
El primer relato que escribí, Teófilo, trató de todo lo que Jesús comenzó a hacer y a enseñar, hasta el día en que fue recibido arriba, después de que por el Espíritu Santo había dado instrucciones a los apóstoles que había escogido. A éstos también, después de su padecimiento, se presentó vivo con muchas pruebas convincentes, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles de lo concerniente al reino de Dios. Y reuniéndolos, les mandó que no salieran de Jerusalén, sino que esperaran la promesa del Padre: La cual, les dijo, oísteis de mí; pues Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de pocos días. Entonces los que estaban reunidos, le preguntaban, diciendo: Señor, ¿restaurarás en este tiempo el reino a Israel? Y El les dijo: No os corresponde a vosotros saber los tiempos ni las épocas que el Padre ha fijado con su propia autoridad; pero recibiréis poder cuando el Espíritu Santo venga sobre vosotros; y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra. (HCH 1:4-8)
 
De nuevo, entre la Ley y la gracia tuvo que haber un hombre quien podría estar en la brecha. Dios eligió a Pablo quien recibió la revelación en el desierto y comunicó la esfera entera del ministerio del Espíritu y cómo se debe recibir y aplicarla.   Sin embargo, Pablo no es nuestro verdadero maestro, él es un comunicador igual como es un pastor. Dios el Espíritu Santo es nuestro verdadero maestro. La obra del Espíritu en y por medio del creyente tiene ambos una parte positiva y una parte negativa. Positiva -- lo que es bueno. Negativa -- la victoria sobre el mundo, la carne y el diablo.
 
La palabra de Dios enfatiza que debemos estar fijados en la parte positiva; el bien divino. Esto es Jesucristo funcionando en este mundo por medio de Su Iglesia que ha sido limpiada con el agua de la Palabra y por la confesión del pecado. Cuando estamos fijados en la parte positiva, la producción del bien divino del Espíritu dentro de nosotros, entonces la parte negativa será vencida.
 
En la parte positiva, el Espíritu tiene 7 ministerios hacia el creyente que hemos notado brevemente, uno de ellos es la ocupación del Espíritu Santo. Después de la salvación, es sólo la ocupación del Espíritu que está relacionado directamente a los cristianos como el motivo y la fuente de la vida espiritual. La ocupación del Espíritu le da al creyente el poder para hacer el bien divino. Este aspecto positivo del Espíritu (la ocupación del Espíritu Santo) en la vida del creyente estás manifestado en siete maneras:
- el fruto del Espíritu;
- la función del don espiritual;
- la alabanza y el agradecimiento
- la enseñanza del Espíritu;
- la orientación del Espíritu;
- la vida de fe;
- el interceder del Espíritu
 
Estas siete manifestaciones del Espíritu en la Iglesia no son para poner un ideal ante del creyente donde él trata en su propia fuerza de lograrlo, sino que es la presentación de esa bendecida vida que él puede anticipar como el resultado de la función del Espíritu dentro de y por medio de él.
 
Miremos al fruto del Espíritu y notemos como la gracia funciona por medio del Espíritu Santo para actualizar los ideales de la vida espiritual dentro de nosotros y por separado de cualquier obra humana o mérito humano.
 
Digo, pues: Andad por el Espíritu, y no cumpliréis el deseo de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne, pues éstos se oponen el uno al otro, de manera que no podéis hacer lo que deseáis.  (GAL 5:16-17)
 
Bajo la ley, el resultado fue lo mejor que el hombre pudo hacer; bajo la gracia, el resultado es lo mejor que Dios puede hacer.
 
Ahora bien, las obras de la carne son evidentes, las cuales son: inmoralidad, impureza, sensualidad, idolatría, hechicería, enemistades, pleitos, celos, enojos, rivalidades, disensiones, sectarismos, envidias, borracheras, orgías y cosas semejantes, contra las cuales os advierto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio; contra tales cosas no hay ley. (GAL 5:19-23)
 
No hay ningún sistema de reglas para seguir por el cual un creyente puede tener este fruto, sino que está manifestado por el poder sobrenatural del Espíritu Santo. La palabra “fruto” está en el singular, y hay nueve manifestaciones dadas con respecto a este fruto (en GAL 5:19-23). El Espíritu Santo no nos dará una parte y no cumplir en darnos las otras ocho. 
 
El entender las técnicas de la vida espiritual junta a los creyentes en unidad porque todo se basa en un Dios por medio de Su gracia; por lo tanto, Él, como la Cabeza del cuerpo, nos trae en unión el uno con el otro. ¿Cuál es su motivo? No es algo que uno trata de obtener, es algo que uno ya posea. Nosotros tenemos el pleroma de Dios. Toda nuestra vida cristiana se depende del Espíritu Santo. No es únicamente el Espíritu, sino que sin el Espíritu, el plan se deshace. El plan divino para la vida diaria del creyente, como está dada en la palabra de Dios, incluye el método por el cual se debe vivir esta vida.
 
Dos procedimientos son posibles, principalmente: la dependencia de la habilidad que uno tiene y la dependencia del poder del Espíritu morando en uno. Estos dos métodos son completamente incompatibles.
 
Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne, pues éstos se oponen el uno al otro, de manera que no podéis hacer lo que deseáis.  (GAL 5:17)
 
La manera de vivir la vida cristiana es una manera de vivir sobrenatural y exige un método sobrenatural para ejecutarla: La ocupación del Espíritu Santo, la metabolización de la doctrina del misterio de la era de la Iglesia; la ejecución del plan prediseñado de Dios. Somos llamados a andar en una manera digna de nuestra elección alta después de la salvación y nosotros no lo podemos hacer. Debemos admitir que no lo podemos hacer, que somos impotentes, y que sólo Dios lo puede hacer por nosotros. El Evangelio, que también es una revelación del Espíritu, es por gracia por medio de la fe, no por obras, para que nadie se gloríe (COL 2:6).
 
La aplicación en la vida espiritual siempre es una manifestación del Espíritu Quien usa la doctrina en nuestra alma. Entonces, reconozcan esto, expónganse a la enseñanza de la palabra de Dios a diario, no tarde en confesar sus pecados, y entonces relájense y disfrutan del viaje. Toda la elocuencia en el mundo no alcanzará los corazones de los hombres. Únicamente Dios el Espíritu Santo puede hacer esto. De hecho, mientras tratamos de extendernos a la gente con el evangelio o con las verdades doctrinales, puede ser muy difícil si ellos rechazan al Espíritu. Cuando esto ocurre, no peleé contra ellos ni trate de intimidar o obligarles con su conocimiento, sino dáselo a Dios quien es el Único que puede suavizar el corazón de un hombre. Cambie su táctica de hablarle a la persona y vaya a Dios en oración.
 
Y todo lo que pidáis en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré. (JUA 14:13-14)
 
Hay tres tiempos con respecto a la salvación: cuando creyó, usted fue salvado de la pena del pecado; ahora usted ha sido salvado del poder del pecado; y usted será salvado de la presencia del pecado. Usted no puede lograr esto por sí mismo, en ningunas de estas tres cosas. El maestro tiene que enfatizar que esto es de Dios y no del hombre. El cordero fue matado desde la fundación del mundo. Nadie se puede salvar a sí mismo.
 
El creyente recibe el poder de vencer el mal. Cuando uno saca provecho de las cosas positivas en el plan de Dios, vence las cosas negativas - el mal. Hay un plan por el cual uno puede ser más que conquistadores y puede tener poder en alabanza y servicio. Las personas que logran las cosas positivas en el plan de Dios por su volición positiva son llamadas vencedores en la Palabra de Dios (APO 2:7, APO 2:11, APO 2:17, APO 2:26-28, APO 3:5, APO 3:12, APO 3:21).
 
Cada cristiano está peleando en tres batallas simultáneas y estas son las cosas que debemos vencer. Las tres cosas son: el mundo, la carne, y el diablo. No podemos pelear por unos minutos en cada batalla, sino que siempre peleamos en contra de las tres simultáneamente. Todos son vencidos por fe. No las podemos combatir nosotros mismos.
  
Nos hemos enfocado en cómo vencer la naturaleza vieja y pecaminosa (NVP) por medio del rebote. Nos vamos a enfocar por unos minutos en el sistema del mundo. En Lucas capítulo 4, tenemos las tres pruebas de la humanidad de nuestro Señor. Satanás probó al primer Adán y fue muy tonto en tentar al último Adán. Estos pasajes demuestran que los reinos de este mundo están en las manos de Satanás. El mundo [kosmos] tiene muchas clases de diversiones. Estas son el anestésico que el mundo tiene para aliviar el dolor de un corazón vacío. Nosotros no predicamos en contra del anestésico o en contra de las diversiones mundanas [ni tampoco deberían ustedes], pero enseñamos la verdad [la parte positiva] y llenamos al corazón para que ellos no desean el anestésico [la parte negativa].   
 
Como una hoja muerta que todavía está agarrada al árbol durante el invierno, así son la NVP, el mundo, y el diablo. Todos han sido vencidos por Cristo en la cruz, pero ninguno ha sido erradicado de este mundo. Esa hoja no se puede aguantar en al árbol en la primavera cuando la savia nueva y el nutrimiento pasan por la rama y un brote comienza a crecer debajo de la hoja. Ahora la hoja se cae. La parte negativa [la muerte temporal; el ser vencido por sus enemigos] es vencido por la parte positiva [la vida nueva en Cristo]. 
 
La verdad de la palabra de Dios y el poder de la ocupación del Espíritu Santo son de lo que está compuesta la savia que fluye por la rama y remueve las hojas viejas y muertas y las reemplaza con fruto.
 
Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo quita; y todo el que da fruto, lo poda para que dé más fruto. Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado. Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no permanece en la vid, así tampoco vosotros si no permanecéis en mí.  (JUA 15:1-4)
 
El sarmiento “en Él” es la unión con Cristo en versículo dos, la cual el creyente nunca puede perder. El “permanecer en Él” es la comunión con Cristo en el tiempo presente, y esto sí se puede perder, pero se puede recuperar rápidamente por el rebote.
 
Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto, porque separados de mí nada podéis hacer. Si alguno no permanece en mí, es echado fuera como un sarmiento y se seca; y los recogen, los echan al fuego y se queman. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y os será hecho. En esto es glorificado mi Padre, en que deis mucho fruto, y así probéis que sois mis discípulos. (JUA 15:5-8)
 
¿Probarle a quién? Si usted es un discípulo, Dios ya lo sabe; usted no le tiene que comprobar ninguna cosa a Dios. Aquí quiere decir el tener el poder de Dios dentro de nosotros manifestado a los ángeles y los hombres de este mundo. Esta manifestación de Dios dentro de nosotros no es un sistema de obras. No vamos por todo el mundo haciendo obras buenas para que la gente nos vea. Nosotros hemos vencido al mundo por nuestra fe en el plan de Dios, y por medio de esta fe, el Dios dentro de nosotros resplandecerá. 

Todos tenemos la carne y debe ser vencida, pero no por nosotros, sino por el Espíritu Santo dentro de nosotros (GAL 5:16-17). La carne es la enemistad hacia Dios y combate contra el Espíritu. Está dentro de todos nosotros y siempre estará ahí. El erradicar la carne es una doctrina falsa. Dios no sacó la naturaleza vieja, sino que agregó una naturaleza nueva.

 

     

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